ADULTO MAYOR

ADULTO MAYOR

ADULTO MAYOR

Pese haber entrado en el siglo XXI la Humanidad en vez transitar por un camino de madurez y logros a retrocedido en lo que tiene que ver con los valores fundamentales que los seres humanos debería exponer a través de sus actos. Se ha desacralizado la vida de  tal forma que ya no se respeta nada.

Solo son importantes los logros materiales, el poder, el status, etc. Se ha violentado al planeta de tal forma que se ha roto el equilibrio ecológico a tal punto que corremos peligro de extinguirnos como especie. Dentro de este caos los seres humanos viven transgrediendo códigos de forma permanente. Elabora hermosos discursos que solo son palabras que se las lleva el viento. Y dentro de esta alienación, donde el respeto por el otro no es algo que se manifieste en las conductas de la mayoría de las personas, existen dos grandes renuncias de los derechos humanos porque no se le da la atención y el cuidado que realmente deberían dárseles. Una son los niños y otra son los adultos mayores. Las dos puntas de un drama (por no tomar conciencia en forma correcta) que se llama vida.  No es casualidad que en los dos casos tengan cosas en común. Ambos necesitan cuidado, continente, comprensión, sensibilidad y educación. Salvando las distancias, considero que el tema donde se nota con mayor claridad, es el plano de la educación. En los niños uno educa para que puedan abrirse paso por la vida, en el adulto mayor la educación debería de estar dirigida a que pueda transitar por un terreno donde la vivencia de pérdida es una de las experiencias más fuertes.
Para las personas que trabajan con adulto mayor es de vital importancia que conozcan con claridad los diferentes factores que inciden en su estado anímico.
Dichos factores son:

  • Cambios físicos y biológicos.
  • Cambios psicológicos:
  • Miedo al deterioro
  • Aumenta el egocentrismo
  • Testarudez
  • Duelo
  • Viudez
  • Desconfianza

Dentro del terreno de lo psicológico y no tomando en cuenta las patologías que puedan existir o desarrollarse, podemos decir que en general los adultos mayores conforman dos grandes grupos.  Los depresivos y los que aún tienen ganas de seguir descubriendo la vida.
Hoy por hoy, la depresión (junto con los ataques de pánico) ocupan los primeros puestos en la problemática de los seres humanos. En el caso del adulto mayor esta dada por el hecho que después de toda una vida de lucha y de sacrificios las metas que se han alcanzado (si se alcanzaron) no son suficientes para hacerlos sentir satisfechos.  Tienen la sensación de que “algo” se les escapo de entre los dedos. Con este grupo  es muy difícil de lograr resultados positivos porque siempre están en la negación, en la oposición y en la resistencia. En cambio, con el grupo de los que quieren seguir viviendo, aprendiendo, la situación es completamente diferente.
De cualquier manera, siempre hay que tener presente que el enfoque con ellos tiene determinadas características.
En primer lugar hay que asumir con total claridad que el tipo de enseñanza que se les puede dar no puede ser clásica, formal. La forma de educación tiene que tener un enfoque más “global”, existencial.  Independientemente que la persona aprenda alguna materia lo importante es que se tenga otra finalidad.  La de prepararlo y orientarlo en el difícil transito a través del cual va a tener que pasar.
En segundo lugar, se debe de respetar profundamente las características de cada persona para que puedan ir recuperando o descubriendo su auto-estima. No hay dos iguales, por lo tanto hay que tener la sensibilidad y fluidez adecuadas como para respetar y dirigir el proceso de cada uno.
La enseñanza debe de ser un medio para que puedan desarrollar vínculos, superar las pérdidas de seres queridos, madurar, sentirse vivos y merecedores del cariños y la atención de los demás.
La Biodanza es un sistema que puede ayudarlos y orientarlos en su proceso para que puedan descubrir y desarrollar sus potenciales.
El facilitador debe de tener la experiencia, el conocimiento y la sensibilidad como para trabajar en “feed-back”.  No se puede avasallar o no respetar los límites de las personas. Aquí no sirve las “buenas intenciones”. Como dejó entrever Jung, el profesional debe de tener la formación adecuada como para poder entrar en el mundo de la persona que trata. Esto no es fácil. Implica responsabilidad, compromiso, madurez existencial. No alcanza el manejo o la acumulación de conocimiento. Tendría que decir que el facilitador tiene que  ser un referencial, alguien que le de seguridad y confianza suficientes como para poder asumir las cosas que le están sucediendo. Evidentemente el adulto mayor transita por problemas existenciales importantes y por lo tanto la educación formal es una forma de “matar el tiempo” sin aportar nada de peso como para que se sienta continentado.  Es muy común en nuestra cultura usar el verbo “creer” para sentirnos tranquilos. En latín “creer” significa “tener como verdadero”.  Entonces no alcanza con “creer” pues no nos da ninguna certeza de nada. Debemos vivenciar en profundidad cada instante, el vínculo con el otro.  No podemos quedarnos en el terreno de la hipótesis o del mero conocimiento intelectual. Por lo tanto es importante que se comprenda exactamente lo que implica la ayuda del adulto mayor. Debería ser una educación a través de la cual las personas lograran desarrollar consistencia existencial, certeza del la importancia de comulgar con el otro (no solo comunicarse), sentir que la vida, su vida tiene sentido y que es infinitamente superior al simple hecho de acumular (cosas, conocimiento, prestigio, etc.)
En la medida que respetemos al adulto mayor (es el símbolo de la sabiduría, no por conocimientos, sino por experiencia), que nos respetemos y no caigamos en falacias que no nos aportan nada, la vida, nuestra vida, la vida de todos y del planeta tendrá el valor que siempre tuvo y que nunca le reconocimos. Solo así podremos sentir la sacralizad de la vida, la del adulto mayor y la de todos nosotros. Ese es el fundamento de Biodanza, al cual debemos apuntar y lograr para poder asumir la importancia de nuestra existencia.

Juan C. Gómez